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Comportamiento felino

Cómo coger a un gato sin estresarlo: la técnica correcta

Coger bien a un gato es cuestión de apoyo y de tiempo: una mano bajo el pecho, otra sujetando el tren trasero y el cuerpo pegado al tuyo. Aquí tienes la técnica paso a paso, los errores que lo asustan y cómo leer cuándo quiere bajar.

· Actualizado 7 de junio de 2026

Casi todo el mundo coge a un gato del mismo modo: lo agarra por debajo de las axilas, tira hacia arriba y lo deja colgando un instante hasta acomodarlo. El gato se tensa, abre las patas traseras buscando un suelo que no está, y muchas veces se retuerce y salta en cuanto puede. La mayoría de las veces el problema está en la técnica, no en que el gato "odie que lo cojan": lo estamos levantando de una forma que su cuerpo registra como caída inminente. Coger bien a un gato es sencillo cuando entiendes lo único que necesita para sentirse seguro: apoyo completo bajo las cuatro patas y un cuerpo firme contra el que descansar.

El gato es un animal que controla su entorno desde el suelo y desde las alturas que elige por sí mismo. Que otro ser lo levante es, en su instinto, lo que le ocurriría a una presa atrapada por un depredador. Por eso la diferencia entre un gato que tolera bien que lo cojan y uno que se revuelve casi siempre está en la técnica y en el respeto al ritmo del animal, no en su carácter.

La técnica correcta, paso a paso

La regla de oro de cualquier guía de manejo felino con bajo estrés es la misma: sujeción completa del cuerpo y nada de peso colgando. Las pautas de manejo amable de la AAFP e ISFM (2011) insisten en sostener al gato de forma que sienta apoyo bajo todo el cuerpo y pueda mantenerse en una postura natural, no suspendido.

  1. Acércate de frente y a su altura. Agáchate, deja que te vea venir y que huela tu mano antes de tocarlo. Nada de cogerlo desde arriba por sorpresa: para un gato, una mano que cae desde lo alto se parece demasiado al ataque de un ave rapaz.

  2. Coloca una mano bajo el pecho. Pasa una mano por debajo del tórax, justo detrás de las patas delanteras. Esa mano es el punto de apoyo principal y la que controla la parte delantera del gato.

  3. Sostén el tren trasero con la otra mano. La segunda mano recoge los cuartos traseros, las patas de atrás y la base de la cola. El gato debe quedar como sentado sobre tu antebrazo o tu mano, con las patas traseras apoyadas, nunca colgando en el aire.

  4. Levanta despacio y pega el gato a tu cuerpo. Sube en un movimiento suave y continuo, y acércalo a tu pecho. El contacto con tu torso le da una superficie estable de referencia y la sensación de tener "suelo" en todas las direcciones. Un gato pegado al cuerpo se relaja; un gato a distancia, con el aire por debajo, se tensa.

  5. Deja una vía de salida visual. No le aprietes la cabeza contra ti ni le bloquees la cara. Que pueda mirar alrededor reduce mucho la sensación de quedar atrapado.

Hecho así, el gato reparte su peso sobre dos apoyos firmes y no necesita defenderse de una caída. Esa es toda la diferencia.

Cómo NO se coge a un gato

Hay tres formas de levantarlo que lo asustan o le hacen daño, y conviene desterrarlas por completo.

Por las axilas o las patas delanteras, dejando el cuerpo colgando. Es lo más común y de lo peor. Todo el peso del gato cuelga de los hombros y la columna sin apoyo trasero, una postura forzada que tira de articulaciones y músculos. Además, suspendido en el vacío, el animal entra en alerta porque su instinto lee caída.

Por el cogote (el pellizco de la nuca). La gata sí agarra a sus crías por la nuca para transportarlas, y en gatitos muy pequeños eso dispara un reflejo de inmovilidad. En un gato adulto esa maniobra no lo calma, le resulta incómoda y, si soporta su peso, puede hacerle daño. Las guías de manejo amable de la AAFP e ISFM (2011) desaconsejan sujetar a los gatos por el cogote como método de contención. Un gato adulto nunca debe sostenerse colgando del pellejo del cuello.

Por la barriga o como a un bebé boca arriba. La tripa es una zona vulnerable que la mayoría de los gatos protege por instinto. Levantarlo agarrándolo de la barriga, o ponerlo panza arriba como a un bebé humano, deja sus puntos sensibles expuestos y suele provocar pataleo y arañazos defensivos. Algunos gatos muy confiados aceptan esa postura con su persona; no es la forma de levantar a uno que no la haya pedido.

Lee cuándo quiere bajar

Un gato bien cogido avisa con claridad cuando ha tenido suficiente, y respetar ese aviso es lo que mantiene la confianza para la próxima vez. Las señales de "bájame ya", descritas en la literatura de comportamiento felino (Horwitz y Mills, 2009; International Cat Care), son fáciles de reconocer:

  • Cola que se sacude o golpea con tic rápido.
  • Orejas giradas hacia atrás o hacia los lados.
  • Cuerpo que se pone rígido y empieza a empujar contra ti.
  • Pupilas dilatadas.
  • Gruñido grave o maullido tenso.
  • Forcejeo, patas que buscan apoyo para impulsarse.

Cuando aparece cualquiera de estas señales, agáchate y déjalo en el suelo con suavidad, sin lanzarlo ni soltarlo desde alto. Bajarlo antes de que se vea obligado a saltar o arañar le enseña algo valioso: que pedir que lo dejes funciona y que no hace falta morder para conseguirlo. El gato que aprende que sus avisos se respetan tolera mucho mejor que lo cojan.

Acostumbrar al gato poco a poco

Si tu gato no está habituado a que lo cojan, fuérzalo lo mínimo y constrúyelo por pasos cortos y positivos. La idea es asociar el contacto y el levantamiento con cosas buenas, no convertir cada toma en un forcejeo.

  • Empieza tocándolo y premiando con un snack apetecible sin llegar a levantarlo.
  • Después practica levantamientos de un par de segundos, con la técnica de dos apoyos, y déjalo enseguida en el suelo seguido de premio.
  • Alarga la duración muy gradualmente, siempre terminando tú antes de que el gato se incomode.
  • Repite en sesiones muy breves y reparte premios; varios momentos cortos al día rinden más que una sesión larga.

Este enfoque de exposición gradual con refuerzo positivo es el mismo que recomiendan los recursos de manejo con bajo estrés (International Cat Care). El objetivo es que la experiencia le resulte llevadera, que la viva como algo bueno y no como un trance que tolerar.

Hay gatos a los que no les gusta que los cojan

Conviene asumirlo sin frustración: algunos gatos, aun queriendo mucho a su persona, prefieren no estar en brazos. Disfrutan del contacto en sus términos, frotándose, durmiendo a tu lado o subiéndose ellos solos, pero no que los levanten del suelo. Forzar a ese gato a estar en brazos solo erosiona la confianza y aumenta los arañazos.

Respetar esa preferencia no es renunciar al vínculo. Hay muchas formas de cariño que no pasan por cogerlo: el juego con varita, las caricias breves en cabeza y barbilla, el parpadeo lento o simplemente compartir espacio. Reserva el cogerlo para lo imprescindible (el transportín, una revisión rápida) y hazlo bien y deprisa.

Cómo deben coger los niños a un gato

Los niños son la combinación de riesgo más frecuente: ofrecen manos en movimiento, aprietan, persiguen al gato y gritan cuando reciben un arañazo, todo lo que el gato vive como amenaza. La pauta más segura es que el niño sostenga al gato sentado y sin moverse, en lugar de levantarlo de pie.

  • El niño se sienta en el suelo y el adulto coloca al gato en su regazo con apoyo completo.
  • Nunca se aprieta, ni se transporta de pie caminando, ni se persigue al gato para cogerlo.
  • Siempre con un adulto supervisando y listo para retirar al gato si se incomoda.
  • Se enseña al niño a soltar al instante en cuanto el gato muestra que quiere irse.

Un gato debe poder marcharse de los brazos de un niño cuando quiera. Esa libertad de irse es justo lo que evita que tenga que recurrir al arañazo.

Cómo meter al gato en el transportín

El transportín concentra mucho estrés porque suele anticipar el coche y el veterinario. Levantarlo bien ayuda, pero la posición del transportín ayuda todavía más.

  • Coloca el transportín de pie, con la puerta hacia arriba, o uno de tapa superior desmontable. Es mucho más fácil bajar al gato dentro desde arriba que empujarlo de frente por una puerta estrecha.
  • Coge al gato con la técnica de dos apoyos, pegado a ti, y bájalo dentro con suavidad apoyando primero los cuartos traseros.
  • Saca tu mano y cierra sin prisa. Una toalla o manta con su olor dentro le da un punto de referencia conocido.
  • Acostumbrarlo a entrar solo, dejando el transportín abierto en casa con premios dentro durante semanas, reduce muchísimo la pelea el día del viaje.

Cuándo es mejor NO cogerlo

Saber cuándo no levantar a un gato evita arañazos y, sobre todo, evita romper la confianza. Hay situaciones en las que cogerlo casi garantiza una mala reacción:

  • Cuando está asustado. Un gato agazapado, con las orejas planas y las pupilas muy dilatadas, necesita espacio, no brazos.
  • Cuando le duele algo. Un gato dolorido se defiende del contacto en la zona afectada. Si sospechas dolor, lo prioritario es la consulta veterinaria, no insistir en cogerlo.
  • Cuando está sobreestimulado. Tras un rato largo de caricias o de juego intenso, su umbral está al límite y levantarlo dispara la mordida o el arañazo.
  • Justo después de un susto. Tras un ruido fuerte, una pelea con otro gato o un sobresalto, puede aparecer la agresión redirigida: el gato descarga en lo primero que lo toca, aunque sea su persona. Dale unos minutos para bajar antes de acercarte.

En todos estos casos, lo mejor es esperar a que el gato vuelva a un estado tranquilo y se acerque por su cuenta.

La contención médica es trabajo del veterinario

Una cosa es coger a tu gato en casa con cariño y otra muy distinta sujetarlo para una extracción de sangre, una cura o una exploración dolorosa. Esa contención clínica tiene técnicas específicas y debe quedar en manos del personal veterinario, formado precisamente en manejarla con el mínimo estrés posible (AAFP / ISFM, 2011). Si tu gato necesita inmovilización para un procedimiento, deja que lo haga el equipo de la clínica en lugar de forzar tú la sujeción en casa.

Preguntas frecuentes

¿Está mal coger a un gato adulto por el cogote? Para sostener su peso, sí. La gata transporta así a sus crías muy pequeñas y en gatitos dispara un reflejo de quietud, pero en un gato adulto no lo calma, le resulta incómodo y puede hacerle daño en cuello y musculatura. Las guías de manejo amable de la AAFP e ISFM desaconsejan el pellizco de nuca como método de contención. Usa siempre los dos apoyos, pecho y tren trasero.

Mi gato se revuelve siempre que lo cojo. ¿Qué hago mal? Lo más probable es que falte apoyo trasero y quede colgando, o que lo cojas por sorpresa desde arriba. Prueba a acercarte de frente, sostener el tren trasero y pegarlo a tu cuerpo, y a soltarlo en cuanto avise. Después trabaja la tolerancia con sesiones cortas y premios. Si aun así lo rechaza por completo, puede ser un gato al que simplemente no le gusta, y conviene respetarlo.

¿Cuánto tiempo se puede tener a un gato en brazos? Lo que el gato tolere, que varía mucho de uno a otro. Mejor terminar tú antes de que dé señales de incomodidad que esperar a que se revuelva. Para muchos gatos eso son apenas unos segundos o un par de minutos.

¿Puedo coger a un gato que no conozco, por ejemplo en una casa ajena o de la calle? Con prudencia. Un gato que no te conoce no tiene motivos para confiar en ti y un gato de la calle puede estar asustado o enfermo. Deja que se acerque él, ofrécele la mano para que la huela y no lo levantes si muestra tensión. Los gatos sin dueño aparente son tema aparte y conviene no manipularlos sin precaución.

¿Y si tengo que cogerlo y está claramente enfadado o con miedo? Si no hay urgencia, espera a que se calme. Si es inevitable cogerlo, envolverlo con suavidad en una toalla grande ("envoltorio de gato") protege tus manos y le da contención sin dejar zonas colgando. Para cualquier manejo doloroso o procedimiento, recurre al veterinario.

Conclusión

Coger bien a un gato se reduce a dos manos y algo de paciencia: una bajo el pecho, otra bajo el tren trasero, el cuerpo pegado al tuyo y la disposición a dejarlo en el suelo en cuanto te lo pida. Desde ahí, todo lo demás es respeto al ritmo del animal: acercarte de frente, leer las señales de la cola y las orejas, acostumbrarlo por pasos cortos y premiados, y aceptar que algunos gatos prefieren el cariño sin brazos. Evita el cogote, las axilas y la barriga, no lo levantes cuando está asustado, dolorido o recién sobresaltado, y deja la contención médica para la consulta. Un gato al que siempre se coge con apoyo completo y se suelta cuando avisa aprende que estar en brazos es seguro, y eso facilita desde el transportín hasta la próxima visita al veterinario.

Fuentes consultadas

  • AAFP / ISFM (2011). Feline-Friendly Handling Guidelines. Journal of Feline Medicine and Surgery 13, 364-375
  • Bradshaw, J. (2013). Cat Sense: The Feline Enigma Revealed. Basic Books
  • Horwitz, D. F. & Mills, D. S. (eds.) (2009). BSAVA Manual of Canine and Feline Behavioural Medicine (2nd ed.). BSAVA
  • International Cat Care. Understanding your cat's behaviour and how to handle cats. icatcare.org
  • Cornell Feline Health Center (2024). Feline Behavior Problems. Cornell University College of Veterinary Medicine