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Historias

Salvador Dalí y Babou, el ocelote que paseaba por París como gato

Babou no era un gato doméstico. Era un ocelote, felino salvaje sudamericano. Salvador Dalí lo paseaba por Nueva York y París con un collar de pedrería y le dejaba beber de los vasos del restaurante.

Retrato de Salvador Dalí
Foto: Van Vechten, Carl, 1880-1964. · Public domain vía Wikimedia Commons.

La escena ocurrió en septiembre de 1965 en Le Manhattan, restaurante de la calle 53 Este de Nueva York. Una señora de mediana edad sentada en la mesa contigua a la de un pintor catalán con bigote levantado vio cómo un felino moteado subía a su mantel, olfateaba el pan y la miraba con calma profesional. La señora dio un grito. El pintor, sin levantarse, replicó en su francés de acento ampurdanés: "Madame, no se preocupe, es un gato ordinario al que he pintado a la op-art".

El animal era un ocelote sudamericano de unos doce kilos. La frase es una de las pocas anécdotas dalinianas que aparece confirmada por al menos tres fuentes independientes, incluido un suelto del New York Times del 24 de septiembre de aquel año. Babou, así se llamaba el felino, vivió cerca de una década entre el ático del Hotel St. Regis en Nueva York, el apartamento parisino de la Place Vendôme y la casa-museo de Port Lligat en la Costa Brava.

¿Qué animal era exactamente Babou?

Babou era un ocelote (Leopardus pardalis), felino salvaje originario de Centroamérica y Sudamérica que en estado natural ocupa selvas, sabanas y matorrales desde el sur de Texas hasta el norte de Argentina. El ocelote pesa entre 8 y 16 kilos los machos adultos, mide entre 70 y 100 centímetros de longitud sin contar la cola, y vive entre 8 y 12 años en libertad, hasta 20 en cautividad bien manejada.

No tiene parentesco evolutivo cercano con el gato doméstico (Felis catus). Pertenecen a la misma familia, Felidae, pero a géneros distintos. La separación filogenética se sitúa en torno a los seis u ocho millones de años. Un ocelote no se domestica como un gato. Mantiene comportamiento de depredador solitario, marca territorio con orina de olor mucho más intenso que la del gato doméstico, vocaliza con maullidos guturales y aullidos en celo audibles a varios cientos de metros, y conserva fuerza muscular y dentición de carnívoro de tamaño medio. Es animal salvaje en piel de felino fotogénico.

Babou fue regalado a Dalí, según diversas fuentes, por el jefe de Estado colombiano de la época en una visita diplomática a finales de los cincuenta. Ian Gibson, en The Shameful Life of Salvador Dalí (1997), matiza la versión: el regalo procedía con bastante probabilidad de un empresario colombiano sin rango oficial, magnificado por la propia propaganda del pintor para construir mito. Lo verificable es que el animal aparece en fotografías firmadas a partir de 1962 y que Dalí lo llevaba abiertamente por hoteles y aviones europeos hasta principios de los setenta.

Las escenas neoyorquinas

El Hotel St. Regis, en la esquina de la 55 con la Quinta Avenida, fue residencia invernal habitual de Dalí y Gala entre 1948 y 1980. El matrimonio ocupaba la suite 1610. Babou vivía con ellos durante las estancias americanas. El personal del hotel, según testimonios recogidos por Tatiana Bocharova en Salvador Dalí: Anti-Memoirs of an Eccentric (2009), tenía instrucción de no entrar a la suite sin avisar y de evitar movimientos bruscos en presencia del ocelote.

Babou paseaba por el lobby del St. Regis con un collar fino de plata y una correa que Dalí sostenía sin tensión. Algunos huéspedes se asustaban; otros pedían fotografías. El gerente del hotel toleró la situación durante años. La política de mascotas del St. Regis admitía gatos y perros pequeños sin distinción explícita de raza ni de origen, lo que daba cobertura legal a la presencia del felino salvaje sin que la administración hotelera intervieniera.

La anécdota del restaurante Le Manhattan se convirtió en pieza fija de la mitología daliniana. El propietario del local, según la prensa neoyorquina de la época, no expulsó al pintor ni al ocelote: pidió en voz baja que el animal volviera al suelo. Dalí cumplió. Babou se colocó bajo la mesa y permaneció allí hasta el final de la comida.

París, Vendôme y la versión europea

En París la base era el Hotel Le Meurice de la rue de Rivoli, no el apartamento de Place Vendôme como a veces se ha publicado por error. Dalí ocupaba la habitación 108 cada primavera. Babou viajaba en avión transatlántico declarado como "gato doméstico exótico" según la documentación de equipaje conservada en el archivo de la Fundació Gala-Salvador Dalí. La normativa aduanera francesa y estadounidense de los años sesenta era considerablemente más laxa que la actual: no existían los controles CITES en vigor, y el comercio internacional de felinos salvajes era frecuente entre coleccionistas privados.

El ocelote acompañaba al pintor a galerías, vernissages y entrevistas. Las fotografías del archivo Magnum, especialmente las de Philippe Halsman, muestran a Babou en cojines del Meurice, en el sofá rojo del salón daliniano, sobre lienzos a medio terminar. Una de las imágenes más reproducidas es la firmada por Roger Higgins en 1965 para World Telegram & Sun: Dalí con Babou en brazos en el lobby del St. Regis, ambos mirando a la cámara, el ocelote en absoluta calma.

La diferencia entre tener un ocelote y tener un gato

Dalí presentaba a Babou como compañero de vida equivalente al de cualquier gato doméstico. La realidad zoológica es distinta. Un ocelote en piso urbano sufre estrés territorial crónico, presenta mayor riesgo de mordedura grave que cualquier gato común (la mandíbula del ocelote ejerce presión suficiente para fracturar huesos pequeños humanos), requiere dieta de carne fresca con suplementos específicos, y necesita espacio mínimo varias veces superior al que admite cualquier suite hotelera.

Las fotografías muestran a Babou en estados de inmovilidad prolongada compatibles con la calma natural del felino, pero también compatibles con estrés crónico o, según algunos veterinarios consultados por biógrafos posteriores, posible sedación parcial en eventos públicos. No hay confirmación documental de medicación. Sí hay descripciones de mordeduras a personal hotelero y a invitados de Dalí que el matrimonio gestionó con discreción y compensación económica.

Hoy la tenencia de ocelote en España y en la Unión Europea está terminantemente prohibida. Leopardus pardalis figura en el Apéndice I del Convenio de Washington (CITES) desde 1989, lo que cataloga la especie como amenazada y restringe el comercio internacional al cero efectivo salvo casos científicos autorizados. En España, además, la Ley 42/2007 del Patrimonio Natural y la Biodiversidad, su reglamento de desarrollo y la Ley 7/2023 de Bienestar Animal prohíben la tenencia particular de felinos salvajes. El propietario actual de un Babou español respondería penalmente.

¿Por qué Dalí escogió un felino salvaje?

La explicación inmediata es estética. Babou encajaba en la teatralidad daliniana mejor que un gato común. El moteado del pelaje, el porte erguido, la rareza de la especie en contexto urbano alimentaban el personaje. Cada salida pública con el ocelote generaba prensa gratuita. La explicación más profunda, sin embargo, conecta con la fascinación del pintor por animales raros en general: tenía también jirafas pequeñas tatuadas en lienzos, formicarios en su estudio de Port Lligat y, en la primera etapa surrealista, un mantis religioso vivo en una caja de cristal.

Dalí construía su propia iconografía con animales como elementos visuales. Babou no era mascota afectiva en el sentido convencional, era atributo del personaje, igual que el bigote levantado con cera o el bastón con empuñadura de plata. Gala, su esposa, parece haber tenido vínculo más afectivo con el ocelote según testimonios de personal del St. Regis, mientras que el pintor lo trataba con afecto distante de propietario de objeto preciado.

La muerte de Babou y el final del experimento

No existe consenso documental sobre el fallecimiento del ocelote. Distintas biografías sitúan la muerte entre 1969 y 1972, en el Hotel Le Meurice o en Port Lligat según fuente. La hipótesis más aceptada habla de problemas digestivos crónicos derivados de una dieta inadecuada y de edad avanzada para condiciones de cautividad urbana. Babou tendría entonces entre nueve y once años, dentro del rango normal de vida del ocelote en cautividad.

Dalí no buscó reemplazo. La etapa del ocelote había cumplido su función publicitaria y el pintor entraba ya en los años setenta, década marcada por su deterioro físico y la enfermedad de Parkinson. El último felino verificable de la casa daliniana fue un gato común catalán que Gala mantuvo en Púbol durante sus últimos años, sin pretensiones escenográficas.

Babou ha quedado como icono visual del exceso surrealista y como punto de partida frecuente de debates contemporáneos sobre tenencia de fauna silvestre. La distancia entre la pose fotográfica de un ocelote con collar de plata en el lobby del St. Regis de 1965 y lo que hoy permitiría cualquier legislación europea es la mejor medida del cambio de sensibilidad pública hacia el bienestar animal. Este artículo forma parte de la guía Personajes históricos y sus gatos. Otros artistas con animales felinos: Louis Wain y las ilustraciones de Peter. La Ley 7/2023 y las normas de la UE regulan hoy la tenencia de fauna silvestre con criterios muy distintos a los de la época de Babou.

Fuentes consultadas

  • Gibson, I. (1997). The Shameful Life of Salvador Dalí. Faber & Faber
  • Fundació Gala-Salvador Dalí, archivos fotográficos, Figueres
  • Bocharova, T. (2009). Salvador Dalí: Anti-Memoirs of an Eccentric. Skira
  • Convenio sobre el Comercio Internacional de Especies Amenazadas de Fauna y Flora Silvestres (CITES), Apéndice I, Leopardus pardalis
  • Ley 42/2007, de 13 de diciembre, del Patrimonio Natural y de la Biodiversidad, Boletín Oficial del Estado.
  • Ley 7/2023, de 28 de marzo, de protección de los derechos y el bienestar de los animales.