Historias
El cardenal Richelieu y sus catorce gatos: la corte felina del Palais Cardinal
Richelieu, primer ministro de Luis XIII, mantuvo catorce gatos con nombre propio en el Palais Cardinal y los incluyó en su testamento de 1642.

¿Cuántos jefes de gobierno conoces que hayan dejado por escrito, en su testamento, una asignación económica para cuidar a sus catorce gatos cuando ellos ya no estuvieran? El número es exiguo. En la lista corta aparece, en 1642, el hombre que durante dieciocho años dirigió la política exterior de Francia, escribió las reglas del estado moderno y dejó un retrato pintado por Philippe de Champaigne que sigue colgado en el Louvre.
Armand Jean du Plessis, cardenal y duque de Richelieu, ministro principal de Luis XIII desde 1624 hasta su muerte, mantenía en sus dependencias privadas del Palais Cardinal una colonia felina identificada por nombre, con sirvientes asignados y dieta supervisada. El dato circula desde el siglo XIX en las biografías francesas, pero la documentación primaria, conservada en los inventarios post mortem y citada por Joseph Bergin en The Rise of Richelieu (1991), no deja margen para leyenda romántica. Hubo registro contable. Hubo catorce nombres. Algunos de esos nombres se han conservado.
¿Quiénes eran los catorce gatos del cardenal?
La lista que ha llegado hasta hoy procede de varias fuentes complementarias: la correspondencia privada del cardenal con su sobrina nieta, los cuadernos del intendente del Palais Cardinal y la Vie du Cardinal de Richelieu publicada póstumamente. Los nombres que aparecen con más frecuencia son:
- Soumise, una gata gris, descrita como la favorita del cardenal en los últimos años.
- Felimare, atigrado, mencionado por su pelaje muy oscuro casi negro.
- Lucifer, negro azabache, regalo según una fuente del embajador de Saboya.
- Ludovic le Cruel, blanco y gris, así llamado por su afición a cazar ratones de cocina sin clemencia.
- Mounard le Fougueux, gato joven especialmente activo.
- Pyrame y Thisbé, pareja con nombres tomados de Ovidio, los dos atigrados.
- Racan, posiblemente en homenaje al poeta Honorat de Bueil, señor de Racan, contemporáneo del cardenal.
- Perruque, llamado así porque, según cuenta una anécdota recogida por Bergin, nació entre los pliegues de la peluca de un huésped del cardenal y allí lo descubrieron al sacudir la prenda.
Los seis restantes aparecen mencionados de forma intermitente en cartas y notas administrativas, sin una identidad tan definida en el registro conservado. Lo que sí queda claro es que el número total de animales con nombre propio que convivieron simultáneamente con Richelieu rondó esa cifra durante los últimos años de su vida.
El cuarto de los gatos en el Palais Cardinal
El Palais Cardinal, construido por orden de Richelieu entre 1633 y 1639 sobre planos del arquitecto Jacques Lemercier, sería rebautizado como Palais-Royal tras pasar a la corona en 1642. El edificio, sobrevivido y muy reformado, sigue de pie frente al Louvre y alberga hoy el Consejo de Estado y el Consejo Constitucional francés.
En el plano original, próximo a las dependencias privadas del cardenal, se reservó una estancia (los documentos contemporáneos hablan de chambre des chats) destinada a los animales. No era una jaula ni una perrera adaptada. Era una sala con ventanal al jardín, alfombras, varios canastos y mobiliario bajo. Bergin reconstruye el detalle a partir del inventario post mortem de 1642, donde aparecen partidas como "cestos de mimbre para los gatos del señor cardenal" y "telas de seda para forrar los canastos del cabinet des chats".
Dos sirvientes tenían encomendado el cuidado diario. Uno se llamaba Abel y el otro Teyssandier, según consta en los registros de pagos. Su labor incluía limpiar, alimentar y, posiblemente, sacar a algunos de los animales a las salas comunes en presencia del cardenal.
La alimentación era variada y poco habitual para gatos urbanos del siglo XVII. Los pagos al despensero recogen compras específicas de pollo, leche, vísceras y, ocasionalmente, paté de gallina, todo destinado a esa sección de la casa. Para situar la magnitud: el sueldo conjunto de los dos cuidadores de gatos equivalía aproximadamente al de un secretario subalterno del cardenal.
Sobre el origen, la raza y la morfología
Francia del primer tercio del XVII no conocía las razas felinas en el sentido moderno. La codificación de razas con estándares escritos llegará en el último cuarto del XIX, primero en Inglaterra. Los gatos de Richelieu eran, por tanto, lo que hoy llamaríamos gatos europeos comunes, animales de pelo corto, complexión robusta, ojos típicamente verdes o ámbar, peso adulto entre 4 y 6 kilos. Algunos, sin embargo, debieron tener trazas de las dos poblaciones felinas que en ese momento estaban dejando huella en Francia.
Una era el Chartreux, gato gris azulado de pelo denso, criado tradicionalmente en monasterios cartujos del sureste francés y muy presente en la corte de los siglos XVI y XVII. Soumise, la gata gris favorita, podía perfectamente responder a esa morfología, aunque ningún documento la identifica con esa etiqueta porque la etiqueta aún no existía.
La otra era el llamado entonces gato de Angora, ejemplares de pelo largo procedentes de Turquía que empezaban a circular como regalo diplomático entre cortes europeas. Nicolas-Claude Fabri de Peiresc, contemporáneo de Richelieu y corresponsal habitual, fue uno de los primeros documentadores en Francia de esa población. No hay constancia firme de que algún gato angora viviera en el Palais Cardinal, aunque la posibilidad encaja con el perfil de regalos que recibía un primer ministro.
Lo que sí está documentado es la preferencia del cardenal por colores y dibujos variados. La colonia incluía gatos negros, atigrados (mackerel tabby o blotched tabby, en terminología actual), grises uniformes y bicolores blanco-y-gris. No hay registro de pelirrojos identificados, lo que es estadísticamente coherente con una camada europea cualquiera del XVII donde los machos pelirrojos rondan el 20 por ciento de la población.
¿Por qué un cardenal y primer ministro mantenía gatos?
Aldous Huxley, en Grey Eminence (1941), su libro dedicado al confesor de Richelieu el padre François Leclerc du Tremblay, dibuja al cardenal como un hombre de salud frágil y disciplina extrema, con migrañas crónicas, hemorroides documentadas que le impedían cabalgar, y un nivel de trabajo que sus contemporáneos describían como inhumano. Llevaba el peso de la política exterior francesa, la rivalidad con los Habsburgo, la Guerra de los Treinta Años, las revueltas internas y la administración de un cardenalato.
Los gatos cumplían varias funciones simultáneas en esa cotidianidad. Función práctica: control de ratones en una residencia con archivos en papel de enorme valor, en una época en que los roedores devoraban manuscritos sin distinción. Función social: regalos felinos llegaban de embajadores y nobles, y mantener una colonia visible era forma indirecta de exhibir prestigio. Y función personal: Richelieu, hombre sin descendencia y de relaciones cortesanas tensas, parece haber encontrado en los animales un tipo de compañía sin política. Bergin subraya que en las pocas escenas de intimidad descritas por testigos, el cardenal aparece leyendo o dictando con uno de los gatos sobre las rodillas.
Hubo, además, una motivación cultural. El gato negro arrastraba en el folclore europeo del XVII la sospecha de brujería, y mantener una colonia con varios animales negros (Lucifer, Felimare) era, en cierto modo, una declaración de modernidad ilustrada frente a la superstición popular. El cardenal era hombre culto, lector de los moralistas franceses, defensor de la fundación de la Académie française en 1635, y la convivencia abierta con gatos negros encaja con ese perfil de racionalidad institucional.
La cláusula del testamento
Richelieu murió el 4 de diciembre de 1642 a los 57 años. Su testamento, redactado y revisado varias veces durante la enfermedad final, incluía disposiciones detalladas para cuadros, libros, edificios y servidores. Una de las cláusulas, citada por François Bluche en su biografía del cardenal (Richelieu, Perrin, 1990), asignaba una pensión vitalicia a Abel y Teyssandier "para que continúen cuidando de los gatos del señor cardenal hasta el último de ellos".
La cláusula se cumplió parcialmente. Los gatos pasaron al cuidado de la sobrina nieta del cardenal, la duquesa d'Aiguillon, principal heredera. Algunos animales jóvenes acabaron en otras casas de la familia. La transmisión más curiosa, sin documentación firme pero recogida en varias biografías del XIX, sostiene que dos o tres descendientes de la colonia llegaron a Versalles en años posteriores, cuando Luis XIV trasladó la corte. Si el dato es exacto o leyenda construida, no hay forma de saberlo con seguridad.
Lo que sí se sabe es que la disposición testamentaria era inusual incluso para la época. Mary Soames documenta en biografías posteriores que la disposición sobre Jock en el Chartwell de Churchill, tres siglos más tarde, fue probablemente la única cláusula felina comparable en historia política europea. Richelieu inauguró el modelo.
Lo que sobrevive hoy
Del Palais Cardinal del cardenal queda la estructura, muy reformada, del actual Palais-Royal de París. La chambre des chats desapareció con las reformas del XVIII, cuando Felipe II de Orleans (el regente) modificó la planta interior. Del retrato de Champaigne en el Louvre, el cardenal mira al espectador con expresión severa y no aparecen animales en el cuadro. La memoria felina sobrevive en los archivos de la Biblioteca Nacional de Francia y en biografías académicas como la de Bergin, no en iconografía oficial.
La paradoja es interesante. El político que la historiografía recuerda por la raison d'État, las prisiones secretas y la ejecución de Henri de Montmorency, mantenía en privado una sala llena de gatos con nombre propio y dejó dinero para sus cuidadores. Quien quiera entender al personaje completo debe alojar ambas caras del retrato.
Lo verificable en una frase
| Dato | Confirmación |
|---|---|
| Número de gatos identificados con nombre | Catorce, según fuentes coincidentes |
| Residencia principal | Palais Cardinal (hoy Palais-Royal), París |
| Sirvientes asignados | Dos, Abel y Teyssandier, en registros de pago |
| Cláusula testamentaria | Sí, fechada en 1642 |
| Morfología | Gatos europeos comunes, sin pedigrí |
| Algunos nombres conservados | Soumise, Lucifer, Pyrame, Thisbé, Perruque, Racan |
Este artículo forma parte de la guía Personajes históricos y sus gatos. Otros líderes históricos con gatos: Winston Churchill y Jock y Florence Nightingale y sus sesenta gatos.
Fuentes consultadas
- Bergin, J. (1991). The Rise of Richelieu. Yale University Press
- Huxley, A. (1941). Grey Eminence. Chatto & Windus
- Bluche, F. (1990). Richelieu. Perrin
- Archivos del Palais Cardinal (hoy Palais-Royal), inventarios post mortem 1642
- Inventarios post mortem 1642 del Palais Cardinal, citados en Bergin.
- Archivos de la Bibliothèque nationale de France, fondo Richelieu.