Historias
Florence Welch y sus gatos negros, la cantante de Florence + The Machine y la simbología felina
La cantante de Florence + The Machine convive con gatos negros y los integra en su estética visual. El simbolismo gótico-victoriano que su música cita pasa también por la casa de Camberwell.

¿Cuántas estrellas del pop británico contemporáneo escriben sus letras sobre el suelo del salón con cuatro velas encendidas, un gato negro estirándose sobre las páginas y una pila de libros de Sylvia Plath y de Angela Carter abierta por la mitad? La pregunta no es retórica. La escena la describió la propia Florence Welch a Vogue UK en septiembre de 2018, en una entrevista realizada en su casa del sur de Londres durante el proceso de composición de High as Hope. El gato no era prop. Era residente. Y desde aquella entrevista, varios gatos negros han ido pasando por la rotación doméstica de la cantante con apariciones recurrentes en su Instagram.
Florence + The Machine es una de las propuestas estéticas más consistentes del pop británico desde finales de los dos mil. La banda construye desde 2009 una identidad visual y sonora que mezcla rock alternativo de stadium, folk inglés, ritual barroco, simbolismo gótico-victoriano e iconografía prerrafaelita. Los gatos negros encajan en ese paisaje con naturalidad de quien los ha colocado allí a conciencia.
La casa de Camberwell y la presencia felina
Welch vive desde 2014 en una casa victoriana de Camberwell, al sur del Támesis. La propiedad, descrita parcialmente en sus entrevistas y vista de forma fragmentaria en su libro Useless Magic publicado por Penguin en 2018, conserva carpinterías originales, suelos de tarima oscura, papel pintado con motivos botánicos y una biblioteca que ocupa una pared entera del salón. En ese decorado han ido apareciendo, a lo largo de los años, distintos gatos negros documentados en redes sociales y en fotografías publicadas con permiso de la cantante.
El primero verificable es Maeve, gata negra de pelo corto adoptada en 2015 según la propia Welch en una historia de Instagram archivada. Pasó del refugio a su casa con dos años. El segundo es Bagheera, llegado años más tarde, también negro y de complexión más grande. Welch no ha sido pródiga en detalles biográficos sobre cada gato, en consonancia con su línea editorial de mantener la vida privada en penumbra y dejar al espectador imaginar el resto. Lo verificable: varios gatos negros, todos rescatados, todos residentes en Camberwell.
La cantante mencionó en The Guardian en mayo de 2021 que durante el confinamiento por la pandemia escribió buena parte de Dance Fever en compañía de los gatos. "No los escuchas pasar, no los ves entrar, simplemente están ahí cuando levantas la vista", dijo a Laura Snapes en aquella entrevista. La descripción coincide con el comportamiento típico del gato europeo común negro adulto, depredador silencioso por naturaleza.
¿Por qué el gato negro encaja en la estética de Florence + The Machine?
El simbolismo del gato negro recorre la tradición cultural anglosajona en dos direcciones opuestas. La primera es la superstición medieval que asoció al felino oscuro con la brujería, sobre todo a partir de la bula Vox in Rama del papa Gregorio IX en 1233. La segunda es la rehabilitación romántica y victoriana del gato negro como símbolo de domesticidad refinada, misterio elegante y conexión con lo invisible. Edgar Allan Poe, los prerrafaelitas, Aubrey Beardsley y la corriente decadentista finisecular convirtieron al gato negro en motivo recurrente del salón burgués culto.
Welch trabaja deliberadamente en esa segunda tradición. La estética de Florence + The Machine cita explícitamente a William Blake, a la pintura prerrafaelita (Dante Gabriel Rossetti, John Everett Millais, Edward Burne-Jones), a la moda de tul rojo del Romanticismo tardío, y a la psicogeografía londinense de Iain Sinclair. El gato negro forma parte del cuadro. Su presencia es coherente con la dirección artística sostenida durante los seis álbumes de la banda desde Lungs (2009) hasta Dance Fever (2022).
Las letras de Welch incluyen referencias felinas en varios momentos. Cosmic Love (2009) menciona "the stars, the moon, they have all been blown out", imagen nocturna donde lo felino opera como sombra implícita. Howl, del mismo álbum, juega con la transformación animal en clave lobuna y felina. King (2022), single de Dance Fever, abre con la imagen de una mujer que pesa más como rey que como reina, con resonancias de la diosa egipcia Bastet, mujer-felino, presente en la tradición occidental como arquetipo de poder femenino sin domesticar.
La morfología de los gatos negros
Los gatos negros documentados de Welch son europeos comunes de pelo corto sin pedigrí, adoptados de refugios británicos. Pelaje uniforme negro azabache (en jerga felina, "self-black" o "solid black"), ojos típicamente amarillos o verde oliva, complexión media. El peso adulto de un gato europeo común negro se sitúa entre 3,5 y 5,5 kilos, vida media de 14 a 18 años con cuidados estándar.
El gato negro como tal no es raza sino patrón cromático. Aparece en numerosas razas estandarizadas (Bombay, British Shorthair, Persa, Maine Coon, entre otras) y, sobre todo, en la población común sin pedigrí. La genética del negro depende del gen B (black) en su variante dominante B y de la ausencia de dilución (gen D dominante también). La combinación de dos genes dominantes produce un pelaje negro estable que con el sol prolongado puede oxidarse a tono parduzco rojizo, fenómeno conocido como "rusting".
Una particularidad estadística: los gatos negros están sobrerrepresentados en la población de refugios británicos. Los datos de Cats Protection, la mayor organización felina del Reino Unido, indican que los gatos negros o predominantemente negros tardan de media un 13% más en encontrar hogar adoptivo que los gatos de otros pelajes. La razón es estética, ligada a la peor fotogenia del pelaje uniforme oscuro en redes sociales, y residualmente supersticiosa. La adopción pública por figuras como Welch contribuye a contrarrestar el sesgo.
El contexto creativo: gatos en la rutina de composición
En Useless Magic, libro híbrido entre cancionero anotado, diario y ensayo poético, Welch describe sus rutinas creativas. Compone mayoritariamente en casa, en el suelo, rodeada de cuadernos abiertos, libros consultados y los gatos haciendo ronda. La cantante ha confesado en varias entrevistas que la presencia felina actúa como sosegante en sesiones de escritura largas, especialmente cuando bloquea o cuando trabaja material emocionalmente exigente.
La banda graba sus álbumes en distintos estudios, a veces lejos de Londres. High as Hope (2018) se grabó parcialmente en Nueva York con Emile Haynie como productor. Dance Fever (2022) se grabó entre Londres y Los Ángeles con Jack Antonoff. En todos los casos, según la propia Welch, los gatos permanecen en Camberwell bajo el cuidado de su hermana y de personal doméstico durante las ausencias. La cantante regresa periódicamente. El vínculo es estable, no de gira.
Welch ha hablado abiertamente de su historial de problemas de salud mental, incluidas etapas de alcoholismo en su veintena, descrito en detalle en sus letras de High as Hope y Dance Fever. La estabilidad doméstica que aporta la casa de Camberwell y la presencia animal forma parte, según la propia cantante, de la red de cuidados personales que sostienen su carrera tras la sobriedad iniciada en 2014.
El gato negro como tropo cultural en su generación
Welch no está sola en su generación de cantantes pop británicas y angloamericanas con gatos como parte visible de su imagen. Florence + The Machine, Taylor Swift con sus tres gatos (Meredith, Olivia, Benjamin Button), Adele con gatos rescatados sin nombres publicados, Billie Eilish con Misha forman un paisaje generacional donde el gato ha desplazado parcialmente al perro como animal de compañía visible. El cambio refleja la urbanización creciente de la cohorte, los pisos pequeños como vivienda habitual de jóvenes adultas (incluso jóvenes adultas con patrimonio considerable) y la sensibilidad estética de la cultura visual de Instagram.
El caso de Welch difiere ligeramente por el componente simbólico. Mientras otras cantantes muestran al gato como animal doméstico afectivo sin más narrativa, Florence integra a sus gatos negros en el cuadro estético deliberado de la banda. Es decisión editorial, no anecdótica. El gato negro de Camberwell es, en cierto modo, parte del mismo trabajo creativo que las letras de Dog Days Are Over o King.
Una nota de matiz: la canción Dog Days Are Over (2008), pese al título, no contiene referencias caninas literales. La expresión inglesa "dog days" alude al periodo estival de canícula, asociado en la antigüedad al ascenso heliacal de Sirio, la estrella del perro. Welch la usa metafóricamente para describir el final de un periodo emocional difícil, sin que ningún perro intervenga en la pieza. Los felinos, en cambio, sí asoman literal y metafóricamente en otras canciones del catálogo.
Lo que queda en pie
Florence Welch no es la primera cantante británica con gatos. Lo singular de su caso es la coherencia visual y narrativa con la que ha incorporado a los gatos negros adoptados en su construcción de personaje público. El gato no es accesorio fotográfico ocasional sino pieza del decorado vital y creativo que la banda cultiva desde hace más de quince años.
Para una parte de la base de seguidores, Florence + The Machine funciona como tradición viva del gótico inglés en clave de pop alternativo. Los gatos negros de Camberwell son, en ese marco, la versión doméstica del mismo proyecto. Lo que las letras evocan en términos de noche, ritual y misterio se materializa en el salón de la casa victoriana donde los animales rescatados se reparten los rayos de sol de la mañana londinense.
Este artículo forma parte de la guía Músicos y cantantes y sus gatos. Otros músicos con gatos negros: Billie Eilish y Misha y Paul McCartney y su gata Pyewacket.
Fuentes consultadas
- Welch, F. (2018). Useless Magic. Penguin
- Entrevista en Vogue UK, septiembre 2018, Welch sobre vida doméstica y rituales creativos
- Entrevista en The Guardian, mayo 2021, gira post-pandemia y proceso creativo de Dance Fever
- Davies, S. (2022). Florence + The Machine: A Critical Companion. Bloomsbury
- Cats Protection, Black Cats Statistical Report, ediciones anuales 2019-2023.